Unos pocos hábitos marcan la diferencia entre los equipos que terminan con holgura y los que se pasan toda la hora hablando unos por encima de otros. Ninguno requiere ninguna habilidad especial.
Escucha con atención durante la explicación inicial. El game master suele decir qué queda fuera del juego; si dice que los cuadros no forman parte de la partida, eso es un sitio menos donde buscar, y saltarte la explicación te cuesta tiempo después.
Di en voz alta, de inmediato, lo que encuentres. El mayor desperdicio de tiempo en los escape rooms es que alguien se guarde una pista porque no está seguro de si importa.
Juega según tus puntos fuertes. Si alguien es rápido con los números, que se encargue del puzle de matemáticas; si a alguien se le dan bien los juegos de palabras, que se ocupe del cifrado. No hace falta planificarlo: normalmente se organiza solo en los primeros minutos.
Dividíos si la sala lo permite. Si los puzles no tienen que resolverse en un orden estricto, trabajar en dos problemas a la vez os hace salir más rápido; solo avisad en el momento en que cualquiera de los dos grupos encuentre algo.
Y la evidente, que es fácil olvidar bajo presión de tiempo: es un juego, no un examen. Los equipos que no escapan suelen pasarlo bien igualmente; el objetivo es la hora, no solo el resultado. ¿Sigues decidiendo qué sala reservar? Consulta cómo elegir un escape room.